Por esas situaciones casuales que son un enjambre en la historia, el proyecto de nueva constitución se someterá a plebiscito 200 años después de la redacción y entrada en vigencia de la Constitución de 1822 (la segunda de la república de Chile que inició su derrotero histórico con la constitución de 1818). Su bicentenario es una buena oportunidad para preguntarse por las continuidades y cambios que han acontecido en estos 200 años de historia constitucional.

Vivimos un momento histórico como sociedad: estamos definiendo constituirnos de una nueva manera y lo hacemos, valga el juego de palabras, de una manera enteramente nueva. La propuesta de construcción de un estado social y democrático de derecho, ecológico, igualitario y participativo, fruto de una asamblea elegida con criterios de paridad y con escaños reservados, transforman a esta experiencia en un hito nunca visto en la historia constitucional chilena. Sin embargo, este proceso está amenazado por la concentración de los medios.

El ministro de Educación, profesor Marco Antonio Ávila Lavanal, desahucio en su primera cuenta pública la mercantilización de la educación y anunció el inicio de una marcha que conduce a lo que denominó un “nuevo paradigma educativo”: un sistema educativo más equitativo, justo y de calidad integral, que responda a los desafíos del siglo XXI, en donde la institucionalidad ministerial se despliegue a lo largo y ancho del territorio nacional […] con el fin de apoyar y acompañar el desarrollo de los diversos proyectos educativos, para que efectivamente desarrollen la creatividad, la colaboración, la innovación, la reflexión y el pensamiento crítico, por medio de aprendizajes académicos y socioemocionales que permitan vivir en comunidad y desplegar libremente los diversos proyectos de vida”.

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