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Eric Eduardo Palma

Del Gobierno de Gerentes a la nueva Democracia

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Del Gobierno de Gerentes a la nueva Democracia: los efectos indeseados del control del mercado y del Estado

Desde la década de 1970 es perceptible en la sociedad chilena la formación de grupos económicos. En tanto que tales tienden a constituirse como una red social más o menos homogénea con una enorme capacidad de influencia en esta pequeña sociedad que es nuestro país.

En su accionar han sido asociados a los llamados “poderes fácticos” y su mayor o menor influencia es directamente proporcional a la robustez del Estado y del sistema democrático. Hasta ahora y plenamente consciente de sus problemas de popularidad en los sectores mayoritarios del país, han tenido poco interés en el Estado observándolo incluso como un enemigo: su atmósfera ideal y la fuente de su vitalidad es el mercado: A mayor mercado mayor influencia.

Lo suyo es incidir en lo social a través del poder del dinero y para ello se requiere simplemente acumular riqueza y no masas de adherentes.

Para las clases media y popular un sistema democrático en funcionamiento y un accionar estatal consecuente es la única vía de amagar su influencia. Por ello a los poderes fácticos no les interesa ni la política democrática ni el fortalecimiento de lo público. Están más cómodos con una población concentrada en proyectos individuales y con bajas tasas de participación política.

¿Qué les ha venido ocurriendo desde que el sistema electoral les permitió acceder al poder estatal? Acostumbrados como están a despreciar la política que depende de los votos, así como a desconfiar del Estado que presta servicios y les quita por ende influencia en el mercado, no han podido desprenderse de sus hábitos y continúan con su tradicional política de desprestigio de la democracia y del aparato público. Es así como para referirse a la opositores no resisten a la tentación de seguir hablando, a pesar de su actual condición de gobernantes electos, de ideologías trasnochadas, estatismos fracasados e intereses políticos mezquinos: lo suyo es el lenguaje gremialista de los ochenta. Un discurso pinochetista que les fluye naturalmente y que en medio de un sistema electoral con más de 20 años de existencia resulta, por decir lo menos, sorprendente.

El desprestigio de la política desde las mismas esferas gubernamentales explica en una gran medida la caída libre de la oposición: los políticos de ayer, que se dejaron incluso “censurar” por estos poderes, son ahora rehenes de quienes tienen más de una razón para despreciarlos.

En todo caso la táctica de enfrentar las críticas atribuyendo el mismo defecto a la Concertación no ha configurado una excusa sino un doble agravamiento de la falta que termina dañando al sistema político en su conjunto.

El Gobierno ataca a la oposición por politiquera e ideologizada y de paso debilita conscientemente al sistema democrático. Ataca al aparato público y a sus funcionarios y de paso debilita, también conscientemente, al Estado: la meta en ambos casos es la misma. Más poder para el mercado y debilitamiento sostenido de la democracia y el Estado: No terminan de percatarse que el instrumento que hoy día despliegan, esto es, el poder político público, se transformará por efecto de su lenguaje pinochetista más temprano que tarde en su propio verdugo.

Hoy tienen todo el poder: controlan el mercado y controlan el Estado ¿Resistirán a la tentación de la avaricia? Todo parece indicar que no. Desde el Estado han venido fortaleciendo al mercado y en dicho proceso fagocitarán la poca legitimidad que tiene el poder político: no tienen oídos para las quejas de políticos como Ossandón.

Es altamente probable que Piñera y sus gerentes provoquen como efecto indeseado la renovación de la clase política y de la forma de hacer política: La suma del poder del mercado y del Estado terminará generando su contrario: la respuesta organizada de un pueblo que frustrado en sus anhelos entiende que sólo depende de sí mismo, no de los empresarios ni de los políticos, para vivir en un país de bienestar.

La suma del poder del mercado y el Estado no generará más “poder fáctico” sino la condición objetiva para la recuperación del poder político por una mayoría progresista que consciente del poder de la democracia, anhela con la misma intensidad igualdad y libertad.

 

 

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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho