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Eric Eduardo Palma

SUELDO MINIMO MISERABLE, JUBILACION MISERABLE

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El debate sobre el salario mínimo, tal como está planteado, oculta un problema mayor: la calidad de la economía que se viene construyendo.

Todos los años el empresariado y sus corifeos hacen girar la disputa sobre el aumento del sueldo mínimo en torno a la misma cuestión: el impacto del alza de la remuneración en el empleo y en la competitividad de la economía. Las organizaciones empresariales se oponen al aumento, sugieren bajarlo e incluso suprimirlo (sostienen que operaría como incentivo para la creación de nuevos puestos de trabajo).

Desde hace década ha venido ocurriendo que cada vez que se fija el salario mínimo se experimentan aumentos reales en la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Así tenemos que se ha pasado desde un salario de $94.845 (US$202) para el periodo 1990-1991, a un monto de $182.000 (US$ 388) para los años 2011-2012. Los aumentos (que han fluctuado desde un 0,5% a un 16,2%) son claramente insuficientes, pero, no han tenido el efecto que le atribuyen los opositores al incremento salarial. Los datos indican que se pueden realizar aumentos reales de salarios y que no aumenta el desempleo ni se pierde competitividad.

Es claro entonces, que la historia no avala la amenaza que reiteran majaderamente los empresarios, los economistas y los Gobiernos a su servicio. La cuestión tal como está planteada ya la resolvió la historia económica de las dos últimas décadas: existe la posibilidad para un aumento real del salario.

Incluso podría sostenerse que la historia muestra que el mecanismo político de discusión no ha sido nefasto y que nada avala la actual propuesta gubernamental de establecer un “mecanismo técnico” de fijación de la remuneración.

Creo que a la discusión entre empresarios, economistas y políticos le falta un tema: la conexión entre remuneración y jubilación. Y esta conexión implica un nuevo centro para el debate.

Resulta del todo curioso que nadie se haga cargo del impacto que tiene en la vida futura de centenares de miles de chilenos, trabajadores todos, el recibir hoy día una remuneración mínima que se ha movido por décadas entre 200 y 300 dólares al mes. Este salario miserable determinará que la jubilación que reciba al término de su vida laboral será también miserable. Los más de 600 mil chilenos que han venido ganando en las últimas décadas un salario mínimo son candidatos seguros a una vejez de necesidad e indignidades (cabe tener presente que un trabajador de salario mínimo tiene escasas posibilidades de aumentar de manera significativa su remuneración).

Para quienes estamos interesados en la construcción de una nueva democracia para el país, resulta relevante mover el centro del debate. Surgen entonces varias preguntas ¿Qué tipo de economía tenemos que opera con un porcentaje de su mano de obra condenado a tener jubilaciones miserables? ¿Cómo es posible que amplios sectores del mundo político y del mundo empresarial se conformen con un modelo económico que condena a sus trabajadores a pensiones indignas? ¿Qué soluciones reales tiene la economía de mercado a esta problemática? ¿Qué recursos estatales será necesario invertir para resolver esta problemática social y económica de jubilaciones indignas? ¿Cómo van a colaborar los pocos que sacan ventaja de esta situación, porque son unos pocos los que mejoran sus utilidades anuales al contratar mano de obra a bajo costo, para solucionar este problema? ¿Tendrá que ponerse el Estado nuevamente? ¿Y por qué deberemos hacernos cargo todos los chilenos de una situación de la que sólo ellos sacaron ventaja? ¿Si luego de décadas de aplicación la economía de libre mercado condena a una parte relevante de la mano de obra a una vida presente y futura de angustia e indignidades, cómo puede sostenerse que es de buena calidad?

 
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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho