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Eric Eduardo Palma

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Oct01

¿CUARTA URNA, ANULAR EL VOTO O LEVANTAR UN CANDIDATO PRESIDENCIAL?

EXPLORANDO VIAS PARA CONSTRUIR PODER ELECTORAL CONSTITUYENTE

La difusión de la idea de la Asamblea Constituyente pasa por uno de sus mejores momentos en la última década: la iniciativa se viene promoviendo de manera sistemática desde el año 2002, y por primera vez “amenaza” con convertirse en un eje de la campaña presidencial. Ello ocurre como resultado de la iniciativa de numerosas organizaciones sociales que han acordado con parlamentarios de la Concertación, la reforma de la cuarta urna. Instancia de consulta popular en que se espera generar un pronunciamiento de la población respecto de la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Lamentablemente esta propuesta no es la única que impulsan parlamentarios concertacionistas. Varios congresistas, incluidos dos independientes de derecha, han sugerido formar una comisión bicameral que prepare un nuevo texto constitucional. Por otra parte, connotadas figuras de la Concertación se han opuesto abiertamente a la idea de convocar a una Asamblea Constituyente. Así las cosas, no sería nada de extraño que la propuesta naufrague y no llegue a puerto. No cuenta con los votos necesarios, ni siquiera con todos los de la oposición, que en esta materia, como en otras, se encuentra dividida.

La iniciativa de la cuarta urna arriesga ser dañada por el choque entre autocomplacientes y flagelantes. Este conflicto paraliza al conglomerado concertacionista y podría llegar a paralizar también el corazón del movimiento por la Asamblea Constituyente.

La cuarta urna es una oportunidad para conseguir la convocatoria de la Asamblea, sin embargo, es la más riesgosa de las que pudieran haberse elegido: no contribuye a generar poder electoral para quienes promueven la iniciativa.

De hecho, el impulso de la convocatoria está ahora en manos de parlamentarios de un conglomerado que no va a alcanzar consenso al respecto. Sobre todo porque se ha vinculado el tema con el Programa de Gobierno de una probable candidatura de Bachelet. Se sostiene en este sentido, que si la doctora se identifica con la Asamblea, podría asustar al electorado de centro y dañar sus auténticas posibilidades.

Dicha preocupación parece muy bien para los que están operando en este sistema político, pero, debería ser de menor interés para los que promovemos la Asamblea Constituyente.

Si la cuarta urna se debilita, debemos estar preparados para impulsar acciones que conviertan nuestra demanda por una Nueva Constitución (vía Asamblea Constituyente), en auténtico poder electoral constituyente. Para ello hay dos caminos posibles. 1. Realizar una campaña política promoviendo la nulidad del voto en la primera vuelta. 2. Levantar una candidatura presidencial propia del movimiento por la Asamblea Constituyente.

La campaña por la nulidad del voto es, sin lugar a dudas, el testimonio más significativo de desapego al actual sistema y sus sostenedores. Implica una transformación del rechazo en un dato político relevante a la hora de contar los votos. Por primera vez la nulidad del voto podría implicar un castigo y al mismo tiempo una demanda clara: queremos Asamblea Constituyente.

La campaña llamando a votar nulo tiene que lograr que la nulidad sea sinónimo de convocatoria a la Asamblea: “Votar nulo es votar por la Asamblea Constituyente”.

No tenemos la menor duda que una iniciativa de estas características podría movilizar a una parte del nuevo electorado, en particular los jóvenes, quienes han manifestado de manera contundente su rechazo al actual estado de la política chilena. Muchas de estas personas seguramente no irán a votar, a menos que entiendan que su voto de rechazo puede tener enormes efectos políticos en aras de cambiar el sistema.

Llamar a votar nulo implica que en la primera vuelta el movimiento por la Asamblea Constituyente no deja la iniciativa de la convocatoria de la Asamblea, en manos de la Concertación o de la generalidad de la oposición, sino, que aspira a convertirse en un poder electoral. Y puede llegar a serlo si consigue que la población asuma que votar nulo implica votar por una Asamblea Constituyente.

La nulidad es el rechazo abierto a la participación en el sistema político tal como está operando. Nuestra meta es hacer de ese rechazo una iniciativa, es decir, que el rechazo no implique pasividad sino generar un poder electoral que presione, a partir de un capital electoral propio (los votos nulos), por la convocatoria a la Asamblea Constituyente.

En la segunda vuelta, para el evento de que el poder electoral constituyente tuviera una dimensión importante, es decir, los votos nulos tuvieran incidencia en el resultado de la elección presidencial, el movimiento por la Asamblea Constituyente debe emplear ese poder electoral para exigir la convocatoria de la Asamblea. El voto nulo apoyaría al candidato que tuviera la voluntad expresa de convocar a la Asamblea. Si ello no se consigue, es decir, si no hay candidato dispuesto a gobernar a cambio de la convocatoria, el movimiento por la Asamblea Constituyente debe dar libertad a sus adherentes. Quedará constancia para el país de la existencia de un auténtico poder electoral constituyente en constante crecimiento (hace diez años no tenia peso político alguno) y habrá que seguir luchando por la acumulación del suficiente poder político y poder electoral como para decidir una elección presidencial.

Otra posibilidad para el movimiento es la emergencia, desde el movimiento y no desde los partidos políticos, de un candidato a la Presidencia de la República. Candidatura que tendría por objetivo central recorrer el país promoviendo la formación de un poder electoral constituyente. Explicando en cada una de sus intervenciones cómo esperamos arribar a la convocatoria de un Congreso Constituyente, qué desafíos implica ello para la ciudadanía, cómo se participará en el proceso y qué procedimiento se espera seguir para dar al país una Nueva Constitución vía Asamblea Constituyente.

Con un candidato a la presidencia de la República que represente al movimiento por el Asamblea Constituyente, el país tendría la posibilidad de elegir entre la continuidad o el inicio de un proceso que lleve a una Nueva Constitución. Para el evento que el candidato pase a segunda vuelta, la oposición se vería en la necesidad de acordar una fórmula que permitiera dar gobernabilidad al país y al mismo tiempo iniciar el proceso que lleve a la Asamblea.

Si el candidato no pasa a la segunda vuelta, habremos medido con exactitud el alcance de nuestro poder electoral constituyente y tendremos certezas para seguir construyendo el camino que nos lleve a una Nueva Constitución.

La idea de la Asamblea Constituyente tiene la posibilidad de convertirse en el eje de la elección presidencial. Para conseguirlo, los que creemos en la viabilidad de esta iniciativa y en los enormes beneficios que reportará al país, no podemos pretender “tener dos amores”. Es la hora de la autenticidad política: es el momento de decidir en conciencia si nos importa más jugarnos por un régimen político en vías de caducidad o si nos jugaremos a fondo, de verdad, con auténtica pasión y compromiso, por Chile y su pueblo soberano.

El tiempo de la cuarta urna está corriendo y acabamos de dar la partida a la nulidad del voto en la primera vuelta y al levantamiento de un candidato presidencial. Del movimiento social por la Asamblea Constituyente, y no de los partidos políticos, dependerá cuál de estos tres caminos se transita hasta diciembre.

 
Sep15

¡Ha muerto el cabo Martínez, urge construir un nuevo Chile!


Seguramente está no será la última vez en que la prensa nos comunique que un carabinero ha sido muerto en acto de servicio. La muerte es un evento indeseado, pero, de alta probabilidad en la función policial. Todo carabinero sabe que por el sólo hecho de vestir el uniforme, su vida está a disposición de la población que juró defender: los casos de mártires de la institución son recurrentes. Quizás es ese “heroísmo” cotidiano del policía que muere intentando salvar a alguien de los tentáculos del mar o del fuego, lo que ha hecho ganar legitimidad a la Policía en nuestra sociedad.

Que muera un carabinero tiene en una medida importante un sentido simbólico de enorme valor institucional: recrea de manera dramática la identidad de la institución.

Martínez murió cumpliendo su juramento. Su familia, su madre, su pareja y sus amigos pueden sentirse orgullosos de su entrega.

Sin embargo, la muerte del cabo Martínez se ha dado en otro contexto. Ha fallecido en una fecha que todavía divide a los chilenos, realizando una tarea difícil de caracterizar, en medio de la noche profunda y de manera alevosa: su asesino disparó amparado en la seguridad de la oscuridad. Y, lo que es peor, su muerte nos recuerda que civiles que luchaban por sus derechos, han muerto a manos de policías en los últimos años

 
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Eric Eduardo Palma

Abogado, Doctor en Derecho
Magíster en Historia.
Magíster © en Educación.

Su investigación se orienta a la historia del Derecho de los siglos XIX, XX y XXI.

En materia de asesoría legal es Diplomado en Derecho del Consumo por la Universidad de Valladolid y especialista en derechos sociales, económicos y culturales.

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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho