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Eric Eduardo Palma

ALGUNAS IDEAS SOBRE LA DERROTA DE LA DERECHA

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Tienen en este momento la suma del poder… y perdieron. De nada sirvió el aparato del Estado y el poder económico para reeditar la conquista de la presidencia de la república ¿por qué?

Propongo algunas respuestas probables.

1. Desprestigio de la institución Presidente de la República.

El éxito de “piñericosas” y la notoriedad de los tics de Piñera implicó el deterioro de la imagen presidencial, y como consecuencia el debilitamiento del “poder simbólico de la institución”. Se formó la convicción que Piñera deterioró el estatus del Presidente.

Este debilitamiento se profundizó con la nominación de Matthei como candidata. Su actitud grosera pretendió ser  presentada como “carácter”.

Se consolidó la convicción que cierta derecha no respeta el cargo de Presidente de la República. En el fondo, a ojos de muchos, los nuevos ricos de la derecha mostraron su falta de compromiso con una institución que el pueblo aprecia (a pesar de que la asentó la elite tradicional).

Esto implicó un desapego popular y también de la derecha más tradicional que ve en la presidencia de la república la institución estatal por excelencia (lo de Pinochet es presentado como una excepción en tiempos de anormalidad). Hubo votantes de derecha que por su condición de tal, no estuvieron disponibles para seguir avalando a personas que carecían de “estatura presidencial”. Ni Piñera ni Matthei son tribunos apropiados.

2. Crisis de expectativas y exitismo

El “aura empresarial” de Piñera cifró altas expectativas en su desempeño como jefe de Estado. Sus continuos desaciertos implicaron una crisis de expectativa.

Gobierno y partidos no supieron administrar adecuadamente al electorado coyuntural que los llevó a la presidencia de la república. Piñera generó demasiadas expectativas, por ejemplo en materia de término de la delincuencia, que se vieron frustradas en el corto plazo. Estuvo disponible demasiado pronto para indultar a delincuentes, sembrando la duda sobre su real voluntad de enfrentar el problema. La ciudadanía no entendió la decisión en la medida que fue apoyada por la oposición (a la que se criticaba por gobernar para los delincuentes).

Por otra parte, al aceptar indultar y no ampliar el beneficio para militares condenados por violaciones a los derechos humanos, se abrió un frente de oposición en sus propios votantes. Los sectores más duros de la derecha no entendieron la exclusión. En este sentido el caso Penal Cordillera abrió una vieja herida en sus electores.

El lenguaje exitista (del que se sigue haciendo uso por Piñera “Estoy convencido de que hicimos un muy buen gobierno”) contrasta con la realidad más inmediata percibida por los electores.

3. Despidos injustificados en la administración pública y asomos de corrupción

A pesar que la prensa no dio suficiente cobertura a este fenómeno se tuvo noticia de prácticas represivas en la administración pública. La ANEF denunció que hubo despidos injustificados que obedecieron a motivaciones políticas y a la idea de reducir el empleo en la esfera estatal.

Si hubo un factor determinante de la salida de la Concertación fue la convicción de que se estaba instalando la corrupción en sus filas. La población creyó que un gobierno de empresarios exitosos estaría libre de este flagelo. Bastaron un par de casos con cierto grado de connotación para que la población cayera en el desengaño.

4. Desprestigio de la política, los políticos y los partidos

El desprestigio de la presidencia de la república estuvo acompañado de una desafección de los ministros de Piñera con la política, los políticos y los partidos. Esta suma de factores les hizo optar en un momento por un “independiente”, Golborne. Finalmente debieron beber de la cicuta que ellos mismos prepararon. Su candidata a presidente de la república era parte de ese grupo al que desprestigiaron sistemáticamente. Una figura antigua en la política chilena a la que se vincula, por causas probadas plenamente, con lo peor de la política.

5. Falta de oficio

Su larga permanencia en la zona de la oposición los hizo expertos en la crítica permanente del Estado y la esfera gubernativa. De un día para otro se encontraron administrando dichas entidades y no supieron cambiar el esquema mental: el Estado y el Gobierno fue un problema y no una oportunidad. Cuestión que se expresó en la imposibilidad de reclutar sus mejores cuadros para hacer funcionar en beneficio de sus proyectos de largo plazo a ese Estado y a ese aparato gubernativo que tanto se descalificó como oposición.

Les faltó oficio: para gobernar un país no sirven los mecanismos de poder que permiten levantar y enterrar empresas según lo requieran “las leyes del mercado”. Se manda de otra manera. Y se obedece siguiendo otros códigos.

La derecha no tuvo los cuadros políticos que se requiere para gobernar según las reglas de la política. Y dudo que hayan preparado en este, su Gobierno, una generación que el día de mañana esté preparada de manera óptima para gestionar adecuadamente “a los enemigos que cabe derrotar”: Estado y Gobierno.

6. Desafortunado manejo de los conflictos

El caso Aysén y las protestas por el derecho a la educación significaron la salida de dos ministros de Estado por desaciertos del Gobierno en el manejo de ambos conflictos. La desautorización de ambos por la jefatura de Estado evidenció un mal manejo político y comunicacional con costos externos e internos.

7. La desacertada vocería de la UDI.

La vocería de la UDI mantuvo la lógica opositora y no logró comprender que cuando se habla a nombre del Gobierno no se puede dividir al país en buenos y malos. Nadie llamó al orden al diputado Hasbún. Finalmente su estilo confrontacional se interpretó como “abuso de poder”. Era poco entendible tal virulencia cuando se tenía “la suma del poder”. La vocería terminó convirtiéndose en un auténtico “matonaje”.

Este discurso y esta práctica de Hasbún chocaba frontalmente con los llamados a la “unidad nacional” que formulaba Piñera cada cierto tiempo.

El principal partido de Gobierno y su vocero más mediático terminó erosionando la idea fuerza que su propio Gobierno intentó consolidar como sello de su gestión: la unidad del país.

8. La confianza excesiva en la estrategia comunicacional y el marketing político

La sociedad chilena todavía es una comunidad. Una asociación de individuos y grupos con niveles aceptables de interés por la política. En Chile se habla de futbol y de farándula en exceso, pero, tal abundancia no ahoga la política (baste pensar en los desafortunados comentarios de Adriana Barrientos, que son auténtica opinión política).

El exceso de confianza en la lógica del mercado y de la empresa para manipular la “política” les volvió a pasar la cuenta. La estrategia comunicacional y el marketing son un elemento más, y de ninguna manera el decisivo. Ello porque la “política no se consume sin digerir”: hay opinión pública, es un tema a debatir en la mesa los fines de semanas.

En medio de tanta vanalidad y tontera mediática, la política sigue teniendo sus orejeros y su rincón.

El marketing fracasó porque pretendieron posicionar ideas que no se sustentaban luego del  menor análisis porque eran claramente contradictorias: a) la Nueva Mayoría es la Concertación, no tiene nada de nuevo; b) No habrá gobernabilidad porque El PC y la DC son como el agua y el aceite.

Otra muestra: a) La Nueva Mayoría no genera gobernabilidad porque son  demasiados y tienen visiones distintas; b) Nosotros tenemos una sola visión de país y generamos gobernabilidad. En los hechos ocurrió que la lucha sin cuartel se dio en la derecha y la Nueva Mayoría mostró niveles aceptables de convivencia, potenciados por dos décadas de gobierno conjunto a pesar de las diferencias.

 

 

9. El voto voluntario perjudicó más a la derecha

Impidió que los empresarios ejercieran las típicas acciones de presión que ejercen sobre los trabajadores. Cuando todos debían votar era fácil “apretar” al empleado-elector. Ya sea con dadivas o con amenazas.

En entrevista dada al Mercurio el 26 de diciembre de 2013, el Presidente reparó en las divisiones de la Alianza; la falta de una cultura de coalición; el problema de las precandidaturas y en los errores comunicacionales como factores que explican la derrota. Como hemos indicado hay muchos más. Superar varios de ellos implica una nueva concepción de la Derecha acerca de la política, el electorado, los partidos, la comunicación política, el Gobierno y el Estado. Mientras ello no ocurra, sólo el desgaste de los gobernantes de turno o eventos coyunturales los llevaran al poder estatal.

 
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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho