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Eric Eduardo Palma

LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE EN EL SENO DE LA NUEVA MAYORIA

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Para quienes venimos promoviendo la convocatoria a una Asamblea Constituyente (en adelante AC) desde hace más de diez años, resulta preocupante que algunos sectores pretendan transformar la convocatoria en su bandera de lucha y de identidad. Ello porque tenemos claro que una cosa es el éxito político actual en la difusión de la idea de AC y otra, muy distinta, la aceptación de la misma por la mayoría de la población como un procedimiento legítimo.
Quienes promovemos su convocatoria no hemos generado ningún hecho político que permita constatar esa aceptación por la población electoralmente activa. Voluntad que tiene que ser mayoritaria, nacional, y no sectaria. Por lo mismo resulta del todo inconveniente que la AC sea considerada por algunos como su bastión o como la trinchera desde la que se disparan voces acusadoras. Para que la Asamblea Constituyente sea exitosa requiere de todos los que la promueven. La primera responsabilidad de cualquiera que esté verdaderamente interesado en hacerla posible, es llamar a la unidad de todas las fuerzas políticas que han optado por ella: la división de los sectores que la defienden sólo hará más difícil alcanzar el objetivo.
El peor error y el más flaco favor que haríamos a la AC a propósito de estas elecciones presidenciales sería concluir al término de las mismas, como parece quieren algunos, que la promoción de la AC los ha transformado en “promesas políticas”.
La posición de la Nueva Mayoría respecto de la convocatoria a una Asamblea Constituyente es una cuestión no zanjada todavía. Dadas las declaraciones de la abanderada sobre el tema de la convocatoria al momento de las primarias, según la cual, no la descartaba, su votación no puede ser usada para sostener que el conglomerado opositor ha renunciado a esta vía. Algunos creen que por haber promovido el senador José Antonio Gómez la idea de manera explícita, ella habría sido rechazada por los votantes. Se trata de una visión totalmente errada. Baste recordar la declaración de la Juventud Socialista de esta semana invocando el acuerdo del PS en esta materia, así como el acto de este sábado en el ex Congreso Nacional en que connotados actores de la Nueva Mayoría reafirmaron su voluntad de apoyar una AC. Y ello se explica porque todos los partidos que respaldan la candidatura de Michelle Bachelet (PPD, PS, PRSD, PC, IC, MAS) se han manifestado de manera explícita, en sus respectivos congresos programáticos, por alcanzar una nueva Constitución a través de este camino. Sólo la Democracia Cristiana no ha apoyado esta ruta, aunque si está abierta a la propuesta de nueva Constitución.
Dado que la casi totalidad de los partidos políticos que concurren a formar la Nueva Mayoría han acordado hacer todos los esfuerzos posibles para promulgar una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente, ocurre que es ésta fuerza política la que tiene hoy día la mayor posibilidad de conseguir para Chile, por primera vez en su historia constitucional, que la Constitución exprese el auténtico sentir de la población chilena (de toda ella, sin exclusiones de ningún tipo). 
La Nueva Mayoría es un conglomerado pluriclasista con real poder político electoral. La existencia en su seno de partidos que han resuelto en sus congresos programáticos exigir la convocatoria a una Asamblea Constituyente, implica que aquí existe una potencialidad para construir poder electoral constituyente. Hemos venido sosteniendo en los últimos meses que la eficacia de la convocatoria a una AC reclama configurar dicho poder electoral. En la actual coyuntura hay en el seno de la Nueva Mayoría espacio para la expresión de este ideal político democrático y cabe pugnar por su manifestación en la elección presidencial de noviembre de 2013.
Es indiscutible que la candidatura presidencial de la Nueva Mayoría tiene un compromiso firme con la propuesta de dar al país una Nueva Constitución. Creemos que tal como ocurrió en la primaria, la candidata debe dejar abierta las vías para alcanzar este objetivo: no cabe descartar, por la presión de los sectores conservadores que dicen apoyarla, la AC. Más todavía cuando hay acuerdos programáticos en el sentido de convocarla, de la casi totalidad de los partidos que apoyan su candidatura.
La larga batalla por las ideas que hemos venido dando a largo de estos años nos permite reclamar de los partidos y de los movimientos que promueven la AC, unidad en la meta. En el mes de noviembre hay que sumar votos para constatar que somos una auténtica mayoría nacional. Hay que sumar la votación de todos los candidatos que plantearon al país que aspiraban a promulgar una nueva constitución y que la AC era una vía a explorar. Si dicha suma muestra que somos una mayoría absoluta tendremos los votos que cualquier régimen democrático acepta como legítimo para impulsar este cambio.
 
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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho