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Eric Eduardo Palma

¡Ha muerto el cabo Martínez, urge construir un nuevo Chile!

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Seguramente está no será la última vez en que la prensa nos comunique que un carabinero ha sido muerto en acto de servicio. La muerte es un evento indeseado, pero, de alta probabilidad en la función policial. Todo carabinero sabe que por el sólo hecho de vestir el uniforme, su vida está a disposición de la población que juró defender: los casos de mártires de la institución son recurrentes. Quizás es ese “heroísmo” cotidiano del policía que muere intentando salvar a alguien de los tentáculos del mar o del fuego, lo que ha hecho ganar legitimidad a la Policía en nuestra sociedad.

Que muera un carabinero tiene en una medida importante un sentido simbólico de enorme valor institucional: recrea de manera dramática la identidad de la institución.

Martínez murió cumpliendo su juramento. Su familia, su madre, su pareja y sus amigos pueden sentirse orgullosos de su entrega.

Sin embargo, la muerte del cabo Martínez se ha dado en otro contexto. Ha fallecido en una fecha que todavía divide a los chilenos, realizando una tarea difícil de caracterizar, en medio de la noche profunda y de manera alevosa: su asesino disparó amparado en la seguridad de la oscuridad. Y, lo que es peor, su muerte nos recuerda que civiles que luchaban por sus derechos, han muerto a manos de policías en los últimos años

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Martínez ha muerto y para pesar de la mayoría del país, su muerte resulta mancillada por un contexto sociopolítico que nos condena como sociedad: al parecer, un joven poblador con un prontuario ya abultado es el responsable de su muerte; al parecer, la policía prestaba protección a un local comercial; al parecer, la movilización de contingente se explica por el incumplimiento gubernamental de construir una comisaría en el lugar ¿qué responsabilidad le cabe a Martínez, a su madre y a su pareja en estos fenómenos? ¿Por qué una familia humilde debe sufrir las consecuencias de la inoperancia de un sistema económico, político y social? Si el sistema se muestra incapaz de acoger a jóvenes pobladores y asegurarles un camino de desarrollo fuera de la delincuencia y de la droga, si no garantiza una convivencia social pacífica y de seguridad en los sectores populares, si no logra detener y hacer retroceder los carteles poblacionales de la droga, si no genera justicia ni igualdad, si no provoca un sentimiento de unidad nacional a partir de valores compartidos por toda la población nacional… ¿seguirá reclamando la vida de otros  cabo Martínez?

El cabo Martínez, civiles, han muerto: ¡¡tenemos la urgencia de construir un nuevo Chile!!

 
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Eric Eduardo Palma G.
Abogado
Doctor en Derecho